





Nuestro país ha transitado en este cruce de siglos varias etapas históricas. La etapa de la lucha ideológica violenta que finalizó con el golpe de estado y la dictadura de Rojas Pinilla. Luego vino la etapa de la oligarquía partidista que se llamó Frente Nacional, pero que en realidad era el control del Estado por las cúpulas de los dos partidos. Al comenzar la última década del siglo pasado el agotamiento del modelo partidista y los anhelos de cambio propiciaron reformas que culminaron en la Asamblea Constituyente de 1991, que comenzó con el movimiento estudiantil de la Séptima papeleta, donde se plasmaron algunas modificaciones y el país experimentó cambios, principalmente en la economía, donde se impuso el modelo neo-liberal.
Sin embargo, la lucha contra el narcotráfico y la amenaza de Pablo Escobar no permitió la consolidación de las reformas políticas y la apertura a la participación más allá de los guerrilleros de M19, entre quienes estaba justamente Petro.
Comenzando este siglo, en los primeros años del 2do milenio, nuevas el modelo político dio síntomas de agotamiento y surgió una propuesta disruptiva encarnada en la derecha uribista. Comenzó la etapa de la lenta desmembración y desaparición de los viejos partidos, siendo sustituida por un modelo caudillista y personalista que está concluyendo con el Gobierno de Petro.
Fueron 25 años de disputa violenta por el poder entre dos facciones, luego 25 años de reparto cupular llamado Frente Nacional, al que sucedieron 25 años de clientelismo partidista, donde se abortó un proyecto de cambio y finalmente 25 años de caudillismo. 100 años de política elitista.
Esa nueva historia se construye con gente nueva, incorporando a las nuevas generaciones con ideas frescas
Es absurdo que, en un país con la mitad de población menor de 50 años, todavía estén De La calle, Vargas Lleras y Fajardo estén pretendiendo liderarnos.

